Juan Videgain
Juan Videgain es Ingeniero Industrial y Licenciado en Informática, y cuenta con varios
Masters como formación de postgrado. Esteletrabajador desde el año 90 en IBM, y allí mismo
ejerció de director e impulsor del programa de teletrabajo desde 1994 a 1996, cuando ocupaba
el cargo de Director de Operaciones.
Tras su paso por Vodafone como Director de Estrategia y Desarrollo Corporativo, en la
actualidad ocupa el cargo de Presidente de CommerceNet. Sigue teletrabajando y es un conferenciante habitual de las charlas y jornadas sobre teletrabajo.

Teletrabajo III
¿Qué impacto tiene el teletrabajo en relación con otras organizaciones?
¿Consigue ser transparente?
Juan Videgain. Presidente de Commercenet
Extracto del libro "Trabajar y Vivir para la Red" Pag. 61
Introducción
Teletrabajar no debe consistir sólo en trabajar un fin de semana desde la nieve,
que eso ya se hace (o intenta hacer) a menudo, sino que debiera permitir, por ejemplo,
irse tres años, cuatro años o seis años al pueblo o lugar de origen, por remoto que
sea, vivir de otra manera, compaginar actividades profesionales y actividades particulares
y, por supuesto, dedicarle más tiempo a la familia.
Cuando hablamos de teletrabajo se suele recalcar demasiado el prefijo “tele”
que, como sabéis, es de raíz griega y señala distancia. Lo difícil del teletrabajo (a mí
no me gusta llamarle teletrabajo) es que nos permita trabajar con otras personas sin necesidad de estar en el mismo sitio o de verles cada media hora.
Para trabajar con alguien de China no queda más remedio que trabajar de esta
manera porque no se puede ir cada media hora a China y si se tuviera que hacer difícilmente
se tendrían clientes en China. El mérito está en que personas de Colmenar
Viejo puedan trabajar en oficinas de la carretera de La Coruña, y, además, trabajar
con los que viven en la zona Norte o con los que tienen los clientes en la zona Este.
Necesidad de cambio cultural
Para avanzar en la implantación del teletrabajo hay que romper algunos esquemas
de índole cultural. Se tiene un concepto de la vida un poco alejado de la dinámica
del teletrabajo: cuando un profesional acaba sus estudios, cada vez más difíciles,
con pocas facilidades para encontrar un trabajo, lo que menos se espera es no
tener oficina. Es decir, si yo con veintidós, veintitrés años, soy fichado por Sun o por
Telefónica o por Microsoft, lo menos que espero, es tener, no ya un despacho, pero al
menos, un sitio para ir, sentarme, poner la foto de mi novia, llamar desde ese teléfono,
que me puedan llamar, incluso recibir alguna visita y demostrar que estoy en una
compañía líder. Y además si estoy soltero y he estudiado mucho y no me he echado
novia pues a ver si en el nuevo contexto del trabajo establezco nuevas relaciones que
me permitan buscarla.
Este es el tipo de dificultades que existen, mucho más que culturales, y aunque
se ha alertado sobre ello, desgraciadamente no ha habido mucho éxito en superarlas.
El teletrabajo está donde está porque no han tenido éxito los que empezaron con
él, porque en las universidades no se enseña a entender la armonía de la vida privada,
que no necesariamente es familiar, y la vida profesional de una manera adecuada.
Dicho de otra manera, estamos creando una saga de nuevos profesionales prácticamente
obsesionados, para deleite y encanto de las empresas, en trabajar todas
las horas que haga falta. Ese es un mal camino para la persona y… para la empresa y
es ahí donde hay que cambiar la mentalidad. Además, culturalmente, cuando a una
persona de determinada edad y con mucha experiencia le dicen que se quede a trabajar
en casa, sufre un trauma que consiste en que su mujer le diga cada media
hora:“Tú no teletrabajas, a ti te han echado”.
Pero, aparte de las barreras culturales, si se hacen algunos cálculos se puede intuir la rentabilidad del teletrabajo. Una persona, en Madrid, viaja a menudo de casa a la oficina, de la oficina a casa y a los clientes, y le echa, al menos dos horas, y si multiplicamos
dos horas por los más de doscientos días laborables que tiene un año, estamos hablando de cuatrocientas horas, aproximadamente, de viajes. Si dividimos
entre las ocho horas que tiene una jornada laboral, estamos hablando casi de cincuenta días, 10 semanas. Es decir, son cifras de ahorro muy importantes que la
empresa lógicamente aprovecha, pero que también el trabajador pueda aprovechar
bastante.
Como ya mencionaba, prefiero hablar de un término diferente a teletrabajo,
sobre todo para ver si trae más suerte en su implantación. Me gusta llamarle e-trabajo
porque cambio el prefijo “tele”, de distancia, por el prefijo “e-“ de evolución, de estar en red, de formas de trabajar que demuestran que hay medios bastante al
menos tan modernos y eficientes como los tradicionales.
Oportunidades
Respecto a las ventajas, una de las más importantes es conseguir que la autoestima
de muchísimos profesionales se incremente con este tipo de trabajo. Los equipos
con teletrabajadores están muy orientados al éxito, es decir, son equipos donde
el objetivo es casi lo único que comparten y eso proporciona una autoestima impresionante.
La movilidad geográfica es otro aspecto notable. Hay muchas empresas grandes
que han trabajado con una estructura basada agencias, delegaciones, sucursales,
con cientos, si no miles, de personas distribuidas por toda España, en las q ue en un momento y a partir de una determinada edad quieren mover a sus trabajadores
hacia esa concentración, porque creen que es el único método de conseguir más eficiencia.
Los teletrabajadores tienen un mayor orgullo de pertenencia al equipo, tienen
menos enemistades con sus colegas, pueden ser equipos reducidos y normalmente
modernos, disponen de muchísima mayor agilidad y flexibilidad, y tienen menos
barreras de acceso a negocios en mercados distantes. Un equipo formado principalmente
por teletrabajadores puede trabajar para China o para América o para el que
se decida.
Pero hay que tener en cuenta que los resultados dependen de las personas, es
decir, un programa de teletrabajo depende en el noventa y cinco por ciento de las
personas, por encima incluso del aspecto tecnológico. En cualquier caso las personas afortunadamente cambiamos, es decir, ese universitario recién acabado que únicamente
pretende tener un sitio donde poder ir y relacionarse, seguro que más tarde
buscará alejarse de la oficina, no para huir, sino para encontrar un lugar más acogedor,
que puede ser su casa, porque puede de esta manera compartir más tiempo con
sus hijos. Las personas vivimos un ciclo de madurez.
La reflexión final es que debemos centrarnos en cambiar los procesos de negocio
y de trabajo actuales cambiando nuestra tradicional manera de trabajar.
Preguntarnos después si implantado este tipo de medios de trabajo realmente se
deteriorarán la cultura y la relación dentro de las empresas. Y por último, que tendremos
que acostumbrarnos como un buen surfista a navegar en aguas más turbulentas
y menos seguras que las que tradicionalmente hemos tenido.
Como dijo J.F.Kennedy “el futuro nunca es un regalo sino que es una conquista”.
En esa conquista podemos conseguir transformar en oportunidad lo que en estos
momentos podemos entender como riesgo o dificultad, pues el e-trabajo es una
gran oportunidad para desarrollarnos de otra manera, tengamos la edad que tengamos.